Solemos pensar que la literatura es algo demasiado ajeno a nosotros, que los autores de nuestras novelas favoritas son seres de casi otra galaxia. Pues bien: la obra que hoy vengo a recomendaros es de un escritor nacido en Rota, en la provincia de Cádiz, no muy lejos del lugar de nacimiento de la persona que firma estas líneas. Hablo de El novio del mundo, de Felipe Benítez Reyes.
La novela recoge las andanzas de Walter Arias (alter ego de Benítez Reyes) en su periplo vital a través de recónditos lugares del planeta, donde desempeña diferentes ocupaciones, cada una más insólita que la anterior. El comienzo no puede ser más sorprendente: el protagonista se despierta vestido de mujer en Melilla junto a una caja de gafas graduadas, después de haberse acostado la noche anterior en un hotel de Amsterdam. A partir de ese momento Walter nos relata los surrealistas pasos que le han llevado finalmente a la situación en la que se encuentra. Pero no se limita a eso, sino que empapa su biografía con la exposición detallada de su filosofía de vida, bautizada con el nombre de Walterismo. Resulta impresionante la manera en que, lejos de aburrir al personal, el elemento filosófico (psicológico, sociológico e incluso patológico) de su narrativa destapa enormes verdades acerca de nuestros modelos de conducta, por medio de un monólogo humorístico de una envergadura casi incomparable.
Mi experiencia con El novio del mundo me recuerda la magia de la literatura (o del cine, la música o cualquier otra disciplina): una novela cae en manos de alguien que se enamora de ella y la recomienda a un amigo. Éste otro a su hermano; su hermano a una prima, ésta a su amiga, y el círculo sigue girando…
…como el propio mundo, aquella multiforme y enigmática pareja de baile de ese personaje inovidable que es Walter Arias.











